Le dejo doce productos en su estante. No me paga nada por ellos. Me abona lo que se venda, el día que se venda. Lo que no rote, me lo llevo.
¿Cuántas unidades tiene que vender?
53 unidades menos. Mismo estante, mismo esfuerzo, la misma plata en el bolsillo.
Es la misma lógica de las ventas por internet, pero en el mostrador: se prueban muchos productos sin comprar ninguno, y se queda el que la gente pide.
Le monto el exhibidor y doce referencias con su material de marca. Usted no pone un peso y no firma con ningún banco.
En dos semanas sabemos cuáles se le van y cuáles no. Las que no rotan me las llevo y no le costaron nada.
Si se le van diez diarias, le llevo diez. Usted abona lo vendido. El día flojo no debe nada.
La mercancía no es suya hasta que un vecino la paga. Eso no es un favor: es un contrato de consignación, artículo 1377 del Código de Comercio.
Arranca con veinte tiendas. Si la suya vende, el estante se queda; si no, me lo llevo y no le costó nada.
Quiero el estante